GAFAS DE CERCA: EL PRIMO

Thursday, August 07, 2008

EL PRIMO

El verano había sido largo, como todos los veranos de los niños, y habían sucedido muchas cosas, todas buenas, y el primo había estado ahí día a día. Él era grandote, tenía unos dieciocho años, pero su mente era la de un niño pequeño, había nacido así, "mongólico", como se decía entonces. Era gracioso, simpático, alegre, cariñosísimo. Adoraba a la niña y siempre le hacía bromas. Ese amor era correspondido por la niña, que también quería muchísimo a su primo, cómo no quererle, si era lo más bueno que había encima de la tierra, lo más tierno, lo más entrañable. La verdad es que todos le querían, era la alegría de sus hermanas, mayores que él, y de su madre. La niña tenía poco tiempo para pensar en esas cosas, a sus doce años, entraba y salía mas que entraba, que si las amigas, que si el primer amor, que si las tonterías. Una tarde, cuando paseaba por la playa con sus amigas, cerca de la Canaleta vió un gran tumulto. La gente se arremolinaba alrededor de un ahogado. No era raro. Casi todos los veranos se ahogaba alguien en las malignas corrientes de aquella zona. La curiosidad pudo más que el miedo, y la niña se asomó a verlo. Era un muchacho y estaba como hinchado. No lo reconoció, o no quiso reconocerlo, y aunque aquello le produjo una intranquilidad y desasosiego un tanto exagerado, volvió poco a poco a su mundo de diversiones y risas. Por la noche, como todas las noches de aquel verano, la niña y sus amigas comían pipas en las barandillas del muelle. Vió acercarse a sus padres. Venían serios. La niña les miró asustada. ¿Por qué la venían a buscar? -Esta tarde, en la playa, ha sucedido algo terrible... -Sí, lo sé, lo he visto. -Bueno, hija, pues tenemos que darte una mala noticia.... -¿Quién, mamá? -El primo. Llorar ya no servía de nada, ni tampoco abrazar a mamá, ni la mano de papá sobre sus hombros, ni preguntar cómo fue, ni decir que eso no podía ser, que eso era imposible.... Sin embargo, sucedió todo eso, como a cámara lenta, como si todo fuera irreal, y una punzada de dolor, de impotencia, se le clavó a la niña muy dentro del alma. Era la primera visita que le hacía la muerte de cerca. A veces, las visitas, no son agradables. Y, por la noche, entre las sábanas mojadas por el llanto, con el sonido de los barcos que se iban a faenar y los gatos del tejado que lloraban como cachorros humanos, sin poder dormir, sólo tenía una idea en la cabeza: retener su cara, que no se le borrara de la mente.... Y, al amanecer se quedó dormida, un poco más tranquila, pensando que vengaría su memoria enseñando a otros niños como él, siendo maestra de los más débiles. Y fue así como nunca se le borró su cara, porque la vió en otras caras, y lo amó en otros niños. En los santos inocentes de esta tierra.

3 Comments:

  • Ese "primo", como otros muchos primos como él, a los que entonces llamábamos mongólicos o mongolitos y hoy deficientes mentales para mí no queda claro que lo sean. Para mí no son minusválidos sino que los minusvaloramos. Porque, evidentemente, padecen carencias intelectuales, pero las suplen con una inteligencia emocional, con una capacidad de empatía, que los seres "normales" jamás podremos alcanzar. La chica de tu relato seguro que lo sabe muy bien.

    Un beso.

    By Blogger El éxodo, at 6:05 PM  

  • (Juan)
    Vas a tener que escribir tus memorias, como la gente importante que sale en la tele y eso. . .
    Y eso, un beso.

    By Anonymous Anonymous, at 2:28 AM  

  • Qué pena que tan poca gente tenga tu sensibilidad.

    Un abrazo.

    Felices vacaciones.

    By Blogger Félix, at 4:11 AM  

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