GAFAS DE CERCA: LOS POLLITOS

Saturday, October 11, 2008

LOS POLLITOS

Eran siete, y cada uno tenía un color, si bien con el paso de los días lo fueron perdiendo y al cabo de una semana todos tenían el mismo, tenían el color normal que tienen los pollitos.
Los habían comprado una mañana al volver de la plaza de abastos, los estaba vendiendo un hombre en la calle Ancha.
La niña disfrutó mucho con la inesperada compra, les puso un nombre a cada uno y aprendió a diferenciarlos, los cuidó, los alimentó. Cuando se despertaba por las mañanas su primer pensamiento era para los pollitos, a los cuales había dejado la noche anterior metidos dentro de una caja, con unos agujeritos en la tapa, para que no se asfixiaran. Corría antes de desayunar a ver como estaban y a dejarlos en libertad.Luego correteaba detras de ellos, los llamaba por sus nombres aunque los pollitos no atendieran, los bañaba, presumía de pollos con sus amigos.
Así fueron pasando los días y los pollitos se hicieron pollos, estaban cada vez más grandes, ya no cabían en la caja de cartón.
Una mañana, cuando la niña se levantó, los pollos no estaban en el corral. Se extrañó muchísimo y entró en la casa a preguntar.
Le dijeron que había venido una señora de un pueblo que tenía animales, y se los habían regalado para que los criara, que allí iban a criarse mejor...
La niña, que era intuitiva, no se lo creyó, y preguntaba una y otra vez qué habían hecho con sus pollos. Se enfadó mucho, pero todos le contaban la misma extraña historia.
Ese día, para comer había pollo. La niña merodeó por la cocina, y le pareció que había mucha cantidad de pollo, no recordaba que en casa se comprara tanto pollo junto.Se sentó a comer y cuando vio el pollo en el plato lo comprendió todo de repente.
Corrió a refugiarse en la habitación, impotente, no podía creerlo, no podía asimilarlo, lloró, no comió, pero no dijo nada. La ofensa era tan grande que no hubiera sabido qué decir.
Era un hecho tan cruel, tan infame, que no atendió a razones ni a explicaciones.
Hay cosas que no pueden hacerse. No a una niña.
Eran siete, y eran de colores, pero cuando su familia se los comió ya eran todos iguales.

4 Comments:

  • En vez de pececitos de colores, pollos. Pobres pollos. Es que ya se sabe, Dolo: "el muerto al hoyo y el vivo al pollo".
    Un beso

    By Anonymous Juan, at 7:30 AM  

  • Y sé como se sentía esa niña. Y como se sentirá toda su vida. Porque las niñas se hacen mujeres a partir de sus vivencias.
    Por eso yo no como conejo.
    Un relato, dentro de su cruel realidad, precioso.

    Besitos.

    By Blogger Melytta, at 11:38 AM  

  • dolo eso te paso a ti verdad?? te veo muy sentida en el texto jeje siempre nos engañan para no romper nuestra inocencia pero claro cuando se hacen grandes...ya se sabe viene la mujer del campo donde siempre tiene un lugar mejor para nuestros pollitos o animales...

    By Blogger alberto manuel cumbrera caballero, at 12:21 PM  

  • De pequeño tenía animales de todo tipo, pero siempre de cuatro patas (salvo los pájaros, a los que erea aficionado mi padre). Jamás pollitos.

    Una vez dejó una vecina en casa un pavo porque no cabía en su piso. Lo criamos y luego se lo comieron ¡ellos! Me dio mucha pena.

    By Blogger Félix, at 1:44 AM  

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