GAFAS DE CERCA: A LUIS VIDOSA, MI PADRE

Sunday, October 12, 2008

A LUIS VIDOSA, MI PADRE

Se acerca el 29 de Mayo, en esta semana que empieza será el aniversario del nacimiento y de la muerte de mi padre. El mismo día, sí. Mi padre nació y murió el mismo día, es decir, murió el día de su cumpleaños.
Mi padre, una persona importantísima en mi vida, se fue hace ahora quince años. El tiempo pasa y todo lo suaviza, pero él siempre está y estará en mí.
Esto que cuelgo a continuación lo escribí un día después de que muriera, entre lágrimas que no me dejaban ver el papel. Hoy me apetece compartirlo con vosotros como un pequeño regalo a él en el día de su aniversario.
A LUIS VIDOSA, MI PADRE 30 mayo de 1995 Querido papá: Te has ido, pero a la vez, para mí, te has quedado para siempre. Es imposible que yo acepte que no estés, que no existas, que nunca más voy a escuchar tu inconfundible voz, o me vas a besar de esa forma tan cariñosa que siempre lo hacías. Es imposible que yo pueda creerme que no te voy a encontrar por la calle, comprando las aceitunas el sábado por la mañana, con tus amigos, antes de ir a tomar la tapita; que no estarás durmiendo la siesta, a tu hora, siempre tan disciplinado, y tendremos que hablar flojito de tres y media a cinco para que no te despiertes. Es imposible que todo lo que tú has sido, que toda tu bondad, sensibilidad, inteligencia y amor, hayan desaparecido. Sería, y estoy utilizando tus palabras, un fracaso de la creación, un desperdicio de la naturaleza. Por eso, papá, sé que sigues existiendo. No sé donde, cómo, o de qué manera, pero en alguna parte o dimensión sé que estás, y sé, espero, que estés bien, porque has sido un hombre bueno, el mejor para mí, creo que nunca nadie, a mis ojos, podrá igualarte...¿Qué voy a decir yo de ti, si siempre te he adorado! Desde pequeña, cuando me llevabas a subir y bajar cabezos para que me acostumbrase a andar por el campo, y me inventabas cuentos, y me enseñabas tanto, sin tú saberlo, de un modo nada convencional. Tú me ensañaste muchas cosas, con tu gran cultura y tu actitud ante la vida: caminar por el campo, saborear una puesta de sol, el respeto por los animales, la consideración ante todas las personas, tu amor hacia la lectura, la vida sana; el respeto también por uno mismo, tu tremenda responsabilidad, tu afán de superación en el trabajo, en los estudios... Todo eso eras tú, eres tú, serás siempre tú. Pero sobre todo, perdurarás en mí como un hombre bueno, un corazón gigante, porque fuiste, y no es un tópico, sé lo que digo, buen marido, buen hijo, buen hermano, buen amigo, y buen compañero. Y doy fe de ello, el mejor de los padres y el mejor de los abuelos. Papá, sé que no sólo yo te admiro, son muchas las personas que te respetan y admiran. Has dejado una huella agradable, buen recuerdo, y eso es lo que importa. Eso, y haber vivido, haber sacado provecho a la vida como tú lo has hecho. Has viajado mucho, siempre disfrutando y observando, has conocido mucho leyendo, conversando (siempre te dije que eras una de las personas más cultas que yo conocía, y tú me mandabas callar, avergonzado), y has disfrutado de las cosas positivas de este mundo, como la música, la naturaleza, los libros, los amigos, la familia. Por todo ello, papá, yo no quiero estar triste por ti, tú no lo querrías, tu muerte me ha producido serenidad además de tristeza. No tengo nada que reprochare, nuestra relación fue siempre mansa, de respeto mutuo y mucho amor, y he comprobado que eso vale, y perdura, y perdura más allá de la muerte, porque la muerte no es nada, no existe, es sólo el final natural de una etapa (como muchas veces decías), es la evidencia ante la que hay que rendirse pero para olvidarla, y tirar hacia delante, hacia la vida, hacia el futuro, hacia la esperanza de que Dios existe y volveremos a vernos. Y mientras, estarás aquí, conmigo, con nosotros, tu sitio dentro de la familia seguirás ocupándolo, nunca te irás del todo, porque el amor, las palabras, las pequeñas y grandes cosas quedan, y como tú decías, los hijos, nosotros, somos tu prolongación en el mundo. Que nunca olvidemos tu ejemplo, fue verdaderamente profundo, y que nuestra vida sea merecedora de cuanto nos diste. Y tú, papi, vivirás dentro de mí, porque te quiero.

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