GAFAS DE CERCA: SAN SEBASTIAN

Sunday, January 25, 2009

SAN SEBASTIAN

La niña se despertaba con el sonido de los cohetes y se iba flechada a despertar a su padre. Se metía en la cama acurrucadita a su lado, y no tenía que decirle nada, papá ya sabía a lo que venía. Como todos los años, el día de San Sebastián, él le contaba el cuento que había inventado para ella. Ella se quedaba embobada oyéndolo, ya sabía el principio y el final, pero su padre cada año decía palabras diferentes, cambiaba algunas cositas, no era como los cuentos leídos, que siempre eran exactamente iguales una vez y otra.Este cuento era un cuento vivo. Los niños del cuento de San Sebastián crecían cada año al igual que lo hacía ella. Y cada año empujaban el carrusel de las fiestas del barrio alto para ganar un dinerillo con el que sacar a su perro de la perrera municipal. Y al final siempre lo sacaban, y el perrillo se ponía loco de conteto, y cuando pasaba el santo los niños veían la procesión con el perro, y compraban palmitos.... Al llegar al final del cuento, mamá los llamaba para desayunar y vestirse, había que ir a ver la procesión. Y la niña se agarraba a su padre, calentita, bajo la manta, y le pedía que otra vez le contara el cuento, no quería salir de la guarida donde tan bien se encontraba... Pero había que levantarse, y salir, y ya en la calle el frío de enero le enfriaba la nariz, y veían al santo, y papá le contaba ahora otra historia, la de verdad de San Sebastián bendito, triste pero suavizada historia, de flechas que le traspasaban el pecho a un santo que no parecía sufrir mucho, porque iba muy arropado por la gente de Huelva que le vitoreaban y aclamaban. Y luego, buscar en los palmitos las famosas "abuelas". A la niña nunca le entusiasmó su sabor, pero le encantaba encontrarlas, era tan trabajoso llegar hasta ellas, quitando capa tras capa de palmito, todos juntos alrededor de la mesa de camilla de la abuela Luz, con el brasero de cisco y el olor a romero quemado... Pasaron los años y los años, y los años, y otro viente de Enero en la misma, aunque cambiada ciudad, la niña que ya no era una niña, escuchaba los cohetes desde su ventana y recordaba a su padre que ya no estaba, y su voz cálida y sabia en la mañanas de Enero... Y supo, que por mucho tiempo que pasara, nunca olvidaría esos días de su infancia , porque se habían grabado en su corazón con la mayor fuerza que existe, mayor que la fuerza del hierro candente, mayor que la fuerza que imprime el mar en las rocas: la fuerza del amor, del cariño, de la ternura

8 Comments:

  • Ternura...,si, porque es ternura absoluta lo que destila tu texto. Buen resumen en una sola y postrera palabra.

    By Blogger Manuel Rubiales, at 3:56 PM  

  • Lo de los palmitos me gusta, aunque yo tampoco creo que me los comiera. Pero es verdad, es una tradición que la gente de Huelva recordáis con cariño.

    Por cierto, yo -con la maldad que me caracteriza- he decidido no hablar de Obama hasta que empiece a cagarla. ¿Tardaré mucho? De momento más de lo que esperaba.

    By OpenID Carlos el hormigo, at 5:53 PM  

  • En el corazón, afortunadamente, sí... pero lo que es en la calle... se ha terminado todo por volver tan funcional, tan reglado...

    Besos.

    Ps. Te esperamos esta tarde.

    By Blogger El éxodo, at 5:12 AM  

  • Dolo, de nuevo tu y él, bonita relación entonces y por lo que leo perdura, ¡enhorabuena¡
    Un accidente me convirtió en anonymous, ahora lo mantendré por si es una señal.
    Besitos

    By Anonymous Anonymous, at 1:22 PM  

  • Durante el tiempo que he pasado en Huelva he podido comprobar lo que significa la fiesta de San Sebastian allí. Y también he probado los palmitos.

    By Blogger Charo Barrios, at 1:49 PM  

  • Como siempre, genial.
    Las "abuelas", la copa de cisco... Uff qué cosas dices, chiquilla.
    Besos

    By Blogger fg, at 7:44 AM  

  • Pasaron los años... y la niña, igual que su padre, se convirtió en una gran contadora de historias.

    By Anonymous Unicornio, at 11:56 AM  

  • Hay un poco de "trampa" al apelar a la inocencia de la infancia, a la ternura, al recuerdo de alguien que ya no está. ¿O no? ¿Cómo disentir o cómo no empatizar?
    Es una historia enternecedora, como siempre lo son muchas de las tuyas.
    Un abrazo cómplice, Dolo.

    By Anonymous Juan, at 11:55 AM  

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